Interrupción

Hará algo así de dos meses que conocí a este hombre. Gentil como ninguno y tan parecido a un niño. Era impensable que él conociera la furia, así como parecía ya no conocer las buenas noches de descanso. Había algo muy cálido en él, muy humano y a la vez irreal. No tardó en arraigarse en mi cabeza como una idea que debe ser desarrollada, como un tema sobre el que se debía reflexionar e investigar. Fuera del método y las teorías, la realidad es que su sola imagen me hacía feliz. No creo que muchos lo entiendan, por eso no se lo comentaré a muchos. Tenía tantas dudas que resolver, pero en dudas se quedarán. “Efimero”, creo que le llaman. Como despertar de un buen sueño.

Ya puedo ver las tardes en que me imagine su silueta corriendo de un lado a otro mientras su remplazo habla con voz apagada.

Por supuesto que puedo vivir con ello. Pero gracias destino, suerte, karma, Dios, o como te llames, que nunca dejas al mundo escaso de cursilerías y emosidades.

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