Excitación

Ella y yo nos mirábamos perplejas y una vez más lo mirábamos a él. Fue tan repentino… No nos explicábamos cómo era que la persona que hacía un momento estaba sumida en una insoportable somnolencia ahora golpeaba la tiza contra el pizarrón con tanta vehemencia. Sus brazos hacían movimientos rápidos, con una mano garabateaba números aquí y líneas allá, mientras soportaba su peso con la otra, su visión no era más que sus cálculos, su voz balbuceante era débil y mecánica, pero poco a poco el volumen subió y se llenó de… no sé, ¿emoción?

Nosotras por detrás poníamos caras de incredulidad, soltábamos risillas nerviosas y uno que otro comentario irrelevante. Él parecía no darse cuenta del mundo que tenía a su alrededor, más allá de ese pizarrón donde parecía ahora se jugaba la vida. El sudor corría por su rostro y tuvo que tomar aire para continuar hablando.

-Entonces si tomamos este valor y lo sustituimos aquí nos queda esta ecuación y si la graficamos obtenemos esto, pero si usamos este otro valor…

Los números salían de su boca y volaban por todo el salón. Con los ojos muy abiertos yo sólo asentía cuando él volteaba para buscar aprobación y con manos torpes metía en la calculadora todo lo que alcanzaba a captar atendiendo a su precipitación.

Su espalda frente a mí se movía de manera fascinante, pero me hubiera gustado ver sus ojos en ese momento. Parecía un científico que ha dedicado toda su vida a estudiar lo mismo y de un momento a otro la iluminación llega a su cabeza y la euforia le recorre el cuerpo cuanto más cerca se ve de la verdad que acaba de llegarle.

La chica junto a mí le repetía “es sólo un problema” pero él parecía no escuchar. Podría jurar que para él su vida estaba en ese “simple problema”. Al menos así fue hasta que el último valor quedó en su lugar.

Por un momento creí compartir la emoción que él sentía, pero sería atrevido afirmarlo. No estoy segura pero, creo que su imagen en ese momento fue perfecta para definir la palabra “pasión”. Por dentro pensaba que alguien que puede emocionarse tanto haciendo su trabajo, es, de verdad, alguien a quien se debe respeto.

Al fínal se despegó del pizarrón, arrojó la tiza, volteó a mirarnos y con la respiración entrecortada y la cara roja:

-Y esto demuestra que estábamos bien ¡Estábamos bien!

Y una sonrisa discreta se dibujó.

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