Tiempo

Lo que detuvo sus pasos fue una extraña sensación salida de la nada. Tenía un pie frente al otro y se mostraba dudoso de dar otro paso. Movía la cabeza de lado a lado con una peculiar expresión de sorpresa, como si buscara algo. La gente que inundaba la acera se movía como un par de ríos en direcciones opuestas, esquivándolo mientras le dirigían una mirada de extrañeza. Fruncía el ceño mientras buscaba algo en el bolsillo de su abrigo. Cuando lo encontró le dio una mirada y aquella expresión de sorpresa regresó a su rostro.

Él no sabe su nombre. No sabe cómo llegar a su hogar, ni siquiera si tiene uno. No sabe si tiene una familia, amigos o un trabajo. Todo lo que sabe es que un día despertó bajo un árbol  de bonitas flores moradas, solo, con la mente en blanco y ese reloj en el bolsillo. Él no recuerda nada más.

Con la cabeza vacía, al igual que el estómago, se refugió en ese artefacto que sostenía entre sus manos. Lo miraba detenidamente tratando de recordar algo, pero era en vano. Vagaba por ahí esperando tener la suerte de que alguien lo reconociese y desde la distancia lo llamara, y al ver que este no respondía, se acercase con una gran sonrisa diciendo cosas como “¡Cuánto tiempo!” “¿Qué fue de ti?” “¡Me tenías preocupado!”, pero no había tal suerte. Así que solía sentarse a contemplar su reloj. Lo miraba expectante, como esperando que, de un momento a otro, éste comenzara a decirle todo lo que necesitaba saber.

Su rostro fue adoptando un aire distraido, su mirada estaba perdida. Miraba a su reloj y al infinito, nada más. Aún cuando su cuerpo buscaba maneras para subsistir, su mente permanecía en otra parte. Ya no trataba de recordar, más bien le gustaba imaginar todo lo que pudo haber sido y de dónde pudo haber salido ese reloj.

Sentía que había una extraña conexión entre el pequeño objeto y él. Cada vez que lo sostenía entre sus manos y lo miraba sentía cierta sensación de calidez. Sentía que su pequeño amigo de alguna manera guardaba en su interior todo su ser pasado, pero por alguna razón no quería decírselo. Sentía que su vida dependía de aquellas manecillas que se movían tan lentamente. Por eso aquél día, sintió un vacío más grande que cuando despertó sin memoria. Sus ojos estaban clavados en las manecillas que hacía un momento habían dejado de moverse. Sus manos temblaban al igual que sus piernas. Por primera vez desde que despertó aquél día, sintió algo oprimiéndole el pecho, y las lágrimas comenzaban a caer de sus ojos.

Nada detenía la agitada vida de aquellas personas que iban y venían, pero en ese momento la de él se había detenido. Tenía un expresión de dolor y las lágrimas no paraban. Parecía un niño perdido entre la multitud.

Sin que lo esperase, una delicada mano se posó sobre la suya y su reloj, él levanto el rostro sorprendido hasta toparse con una mirada que le hizo sentir como si su corazón comenzara a latir después de mucho tiempo de haber estado muerto y sin siquiera alcanzar a pronunciar palabra se sintió rodeado por aquellos brazos. Estaba perplejo.

“No se preocupe. Usted sigue vivo… y no necesita que esas manecillas se muevan para que su corazón siga latiendo. ¡Vamos! Si necesita que alguien lo acompañe, yo no lo dejaré solo.”

Él sólo cerró los ojos y por un momento se dio cuenta de que en verdad estaba vivo.

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  1. #1 por Aruheri el marzo 15, 2011 - 10:02 pm

    ;_____________________;
    *llena el pañuelo de mokos*
    Está genial ;__;
    Quiero más, um um um*

  1. read here

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