Un esfuerzo más, franceses, antes de que puedan llamarlos republicanos

Compatriotas: Hemos contemplado la cabeza de nuestro rey tirano caer dentro de la canasta del verdugo. Hemos visto destruida la monarquía y barridos sus adornos. Nos hemos declarado libres. Pero, franceses,un profundo abismo separa la declaración de la libertad del logro de la misma, y no puede existir mayor locura que la que consiste en creer que hemos obtenido el segundo cuando, en realidad, sólo hemos hecho la primera. Es cierto que se ha derribado el antiguo régimen; pero mientras permanezcan sus cimientos, realmente mientras siga en pie uno solo de sus pilares, podemos estar seguros de que el resto no tardará en verse restaurado. Ese pilar que aún subsiste es la Iglesia Católica Romana. Y al permitir que siga en pie, franceses, pavimentamos una vez más el camino de tiranía y el despotismo; preparamos una vez más nuestros cuellos  para el yugo que nuestra vitalidad arrancó apenas ayer.

Amigos míos, ha llegado la hora de darnos cuenta de que la moral debería ser la base de la religión, y no ésta la base de la moral. Nuestra religión -nuestro código de conducta, si quieren- no debe fundarse en los mandamientos  d un charlatán fallecido ha mucho, sino en los principios -y sólo en ellos- que nuestra lógica nos hace reconocer como correctos. La IglesiaCatólica Romana carece de tales principios lógicos, y eso es fácil de demostrar. En vez de lógica nos presenta dogmas; en vez de razón, misterios; y todo esto va ligado de tal modo, según nos dice, que, o lo aceptamos tal como es, o no lo aceptamos; esto último sólo a costa de lo que se llama nuestra alma inmortal. Pues bien, por temor a perder esa alma nebulosa, más de un hombre ha renunciado a su libertad; ha entregado la vida; aunque jamás hemos llegado a saber lo que se le acredita en los libros de cuentas celestiales como resultado de sus sacrificios, no hace falta escudriñar mucho para reconocer lo que la Santa Madre Iglesia sale ganando con ellos, aquí, en la tierra.

No olvidemos que, a través de la historia, la iglesia y los tiranos realistas siempre han ido de la mano. Los reyes defienden la “misión divina”  de la religión, y la religión mantiene los “derechos divinos” de los reyes. Es la vieja historia del cocinero y el camarero: “Dame la pimienta y te daré la mantequilla”. Pero, franceses, la pimienta y la mantequilla no pertenecen al cocinero ni al camarero; nos pertenecen a nosotros. “Que den al César lo que es del César” nos dice la iglesia. Recuerden, compatriotas: Hemos destronado a César; su cabeza yace en el cesto; no estamos dispuestos a darle nada a él, ni tampoco a la iglesia que por tanto tiempo le ha servido de fabulista.

“Muy bien” aceptarán los eclesiásticos. “No nos deben nada” podrán decir tal vez ahora que les han quitado el poder. “Por tanto, sigue tu camino y déjanos seguir el nuestro”. Pero franceses, no podemos dejar que la iglesia continue su camino, porque sabemos demasiado bien qué camino seguirá. Antes de que hayan transcurrido diez años, esos mismos sacerdotes que ahora abogan en favor de una política de “vivir y dejar vivir” habrán recuperado de nueva cuenta las riendas del poder, aprovechando las supersticiones, las intimidaciones y las amenazas rotundas que por tanto tiempo han llenado su arsenal retórico, habrán sometido las almas de los débiles y los incautos, y afianzado de nuevo su “imperio espiritual”, después de lo cuál sólo será cuestión de tiempo que vuelvan a instaurar la monarquía, porque el poder de los reyes, debidamente manejado, siempre ha sido el arma más certera con que se fortalece el poder de la iglesia. Cuando eso acontezca, franceses, no volverán a oir hablar de “vivir y dejar vivir”, como tampoco se oyó nada de eso en tiempos de la inquisición. Porque cuando eso suceda, el cocinero y el camarero estarán otra vez dedicados a su negocio… en nuestra cocina.

Se los repito, franceses: Para ser libre, Francia debe ser liberada no sólo del cetro regio, sino también del incensario clerical. Ustedes, que todavía tienen en la mano las hachas revolucionarias, deben asestar ahora el golpe final al árbol de la tiranía. ¡Deben arrancarlo de raíz; no basta con recortarle unas cuantas ramas![…]

Marqués de Sade, Filosofía del tocador (Intermedio -fragmento-)

Anuncios
  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: