2. Genkai o Shitta Baiku Jikou
[Un Accidente de Circulación Que Me Mostró Mis Límites]
~
Mi padre era una persona impredecible. La primera vez que me enseñó a conducir, fue cuando yo tenía 12 años. La transmisión no era automática, sino manual. Dijo que no sería apropiado que yo no aprendiese a conducir, así que me enseñó desde el asiento del copiloto.
La primera vez que conduje una moto sabía perfectamente cómo hacerlo, dónde estaba el freno y el acelerador, así que estaba preparado para conducir. Al principio, avancé muy despacio. Creo que tenía unos 17 años.
La moto en la que aprendí a conducir era una Yamaha RZ250. Aunque era de 250 cc, era grande y no tenía nada que envidiarle a una de 400 cc. Como tenía 2 pistones, el poder de aceleración era enorme. Iba realmente deprisa. Si hubiera aprendido a conducir con otra moto, no creo que me hubiera gustado tanto.
Mi forma de conducir era realmente peligrosa. Creo que es raro que no me matara nunca. Yendo a 70-80 kph, adelantando por la izquierda al coche que tenía delante, me vi de pronto atrapado en una curva que apareció de la nada, entre un poste de teléfonos y el coche. Sin embargo, rara vez he tenido un accidente.
Entonces un día, dejé de conducir mi moto.
Ese día, como había llovido el día antes, había un montón de arena en la carretera. Sin embargo, iba conduciendo tan peligrosamente como de costumbre y, en una esquina particularmente difícil, mis ruedas patinaron de súbito. Mi moto y yo salimos despedidos.
El bordillo estaba a la derecha. Podía ver un muro de hormigón justo frente a mí. Conforme se aproximaba el muro, lo supe.
¡Me voy a matar!
En un instante, solté la moto, y seguí deslizándome a toda velocidad, de cabeza hacia el muro. Las ruedas delantera y trasera se atascaron en la zanja que había frente al muro, y la moto se levantó en el aire y salió despedida hacia atrás, hacia mí. Pude ver cómo volaba por encima de mi cabeza. Un segundo después, la moto se estrelló en la calzada, quedando totalmente destrozada. No quedaba nada de la carrocería ni de nada más.
Me herí el brazo derecho. El asfalto lo desgarró seriamente y, aunque lo raspé con un cuchillo, aún tengo las cicatrices.
Dejé de conducir motos. Y fue porque había comprendido dónde estaban mis límites.
Así que me cambié a los coches. He tenido un total de 10.
El primero fue un Toyota Toreno. Llamado “86”, era un coche famoso en los clubes de automovilismo. Era el coche del protagonista del manga “Initial D”.
Aunque ahora llevaba un coche, mi modo de conducir no había cambiado. Muy a menudo tenían que avisar a una ambulancia por mí. Una vez, incluso hubo que llamar a los bomberos porque mi coche estaba ardiendo.
El fin de mis peligrosos hábitos de conducción fue el mismo que el de mi moto. Me estrellé contra algo y mi coche salió girando y girando. Se dio la vuelta y se estrelló contra el asfalto, aún girando sobre sí mismo, medio destrozado. A menudo me pregunto cómo pude sobrevivir a eso.
Salí de debajo del coche a rastras, asegurándome en primer lugar de que seguía vivo. Después, contemplando mi coche medio destrozado, me puse a fumar con distraídamente.
Entonces llamé a mi ex-novia. La razón de que hubiera salido a conducir tan irreflexivamente era porque no estaba realmente enamorado de aquella chica. Sabía que, aunque aún sentíamos algo el uno por el otro, teníamos que romper.
Ella rompió a llorar y empezó a gritarme por el teléfono.
-¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?
Cuando oí su voz, me di cuenta por vez primera. ¿Qué demonios estaba haciendo, haciéndola llorar de esa manera? Me sentí avergonzado.
Después de eso, dejé de conducir como un insensato. Aquella fue la última vez en mi vida que conduje peligrosamente.
Deseaba ver la otra cara de la muerte, por eso era tan increíblemente insensato. Sin embargo, al final, no había sido capa de ver nada.
Muchos de mis amigos han muerto. Ellos deseaban vivir y murieron. Pero yo, que deseaba ver lo que era morir, sigo vivo. No podía soportarlo.
La primera vez que conduje una moto sabía perfectamente cómo hacerlo, dónde estaba el freno y el acelerador, así que estaba preparado para conducir. Al principio, avancé muy despacio. Creo que tenía unos 17 años.
La moto en la que aprendí a conducir era una Yamaha RZ250. Aunque era de 250 cc, era grande y no tenía nada que envidiarle a una de 400 cc. Como tenía 2 pistones, el poder de aceleración era enorme. Iba realmente deprisa. Si hubiera aprendido a conducir con otra moto, no creo que me hubiera gustado tanto.
Mi forma de conducir era realmente peligrosa. Creo que es raro que no me matara nunca. Yendo a 70-80 kph, adelantando por la izquierda al coche que tenía delante, me vi de pronto atrapado en una curva que apareció de la nada, entre un poste de teléfonos y el coche. Sin embargo, rara vez he tenido un accidente.
Entonces un día, dejé de conducir mi moto.
Ese día, como había llovido el día antes, había un montón de arena en la carretera. Sin embargo, iba conduciendo tan peligrosamente como de costumbre y, en una esquina particularmente difícil, mis ruedas patinaron de súbito. Mi moto y yo salimos despedidos.
El bordillo estaba a la derecha. Podía ver un muro de hormigón justo frente a mí. Conforme se aproximaba el muro, lo supe.
¡Me voy a matar!
En un instante, solté la moto, y seguí deslizándome a toda velocidad, de cabeza hacia el muro. Las ruedas delantera y trasera se atascaron en la zanja que había frente al muro, y la moto se levantó en el aire y salió despedida hacia atrás, hacia mí. Pude ver cómo volaba por encima de mi cabeza. Un segundo después, la moto se estrelló en la calzada, quedando totalmente destrozada. No quedaba nada de la carrocería ni de nada más.
Me herí el brazo derecho. El asfalto lo desgarró seriamente y, aunque lo raspé con un cuchillo, aún tengo las cicatrices.
Dejé de conducir motos. Y fue porque había comprendido dónde estaban mis límites.
Así que me cambié a los coches. He tenido un total de 10.
El primero fue un Toyota Toreno. Llamado “86”, era un coche famoso en los clubes de automovilismo. Era el coche del protagonista del manga “Initial D”.
Aunque ahora llevaba un coche, mi modo de conducir no había cambiado. Muy a menudo tenían que avisar a una ambulancia por mí. Una vez, incluso hubo que llamar a los bomberos porque mi coche estaba ardiendo.
El fin de mis peligrosos hábitos de conducción fue el mismo que el de mi moto. Me estrellé contra algo y mi coche salió girando y girando. Se dio la vuelta y se estrelló contra el asfalto, aún girando sobre sí mismo, medio destrozado. A menudo me pregunto cómo pude sobrevivir a eso.
Salí de debajo del coche a rastras, asegurándome en primer lugar de que seguía vivo. Después, contemplando mi coche medio destrozado, me puse a fumar con distraídamente.
Entonces llamé a mi ex-novia. La razón de que hubiera salido a conducir tan irreflexivamente era porque no estaba realmente enamorado de aquella chica. Sabía que, aunque aún sentíamos algo el uno por el otro, teníamos que romper.
Ella rompió a llorar y empezó a gritarme por el teléfono.
-¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?
Cuando oí su voz, me di cuenta por vez primera. ¿Qué demonios estaba haciendo, haciéndola llorar de esa manera? Me sentí avergonzado.
Después de eso, dejé de conducir como un insensato. Aquella fue la última vez en mi vida que conduje peligrosamente.
Deseaba ver la otra cara de la muerte, por eso era tan increíblemente insensato. Sin embargo, al final, no había sido capa de ver nada.
Muchos de mis amigos han muerto. Ellos deseaban vivir y murieron. Pero yo, que deseaba ver lo que era morir, sigo vivo. No podía soportarlo.






